Amores hay que aparecen sin que uno quiera guardarlos
y noche tras noche crecen aunque intentemos ahuyentarlos
no se rompen, no se esfuman, no se confunden con otros
Sólo aguardan, impacientes, a ser reconocidos.
Otros crecen despacito, día a día y con cariño,
surgen de la piel, la sonrisa y el beso,
de una charla tranquila, de un estar por estar a gusto.
No se mezclan ni se borran o desplazan los amores,
uno aguarda en el limbo, otro en la calle,
uno es una caricia, otro un fantasma,
uno el desconcierto, y el otro la calma.