Claraoscura
se siente lejana.
Desnuda en su habitación desangelada,
aquella que aguardaba caldeada.
El sol aún sigue luchando
por abrirse paso.
Dentro, el espejo no devuelve
más que una imagen grisácea
de corazón perdido.
la noche ha caído despacio
ensombreciendo su ánimo.
Clara ya no se siente clara,
pues todo en ella gira
y se combate y descoloca.
Las sombras de la duda
van tiñendo su cara,
y sin poderlo evitar,
recuerda las agrias críticas
de aquél a quien amaba
y las repite en silencio
olvidando palabras dulces
que otros le regalan.
El suelo se hunde despacio,
los pies heridos huidos de la cama,
que queda como barca inmóvil
en la marea agitada.
No hace frío, y no tiene frío.
La temperatura abandonó su cuerpo.
Claraoscura nada siente
culebreando en su vientre quieto
pues éste está vacío.
Dónde quedó el corazón
aún no lo ha descubierto.
La mirada ya empañada
no acompaña a la sonrisa.
Y Clara se siente sola
por más que en ella
tiemble una llama.
Los rescoldos del pasado
están pronto extinguiéndose.
Mas pasea por el bosque
oscuro y confuso del presente
y los árboles se apartan,
y no le brindan su sombra,
y no le ofrecen su leña.
Claraoscura es una niña
que a veces cree haber crecido.
Se descubre una impostora
al tropezar con las piedras
y perder cada batalla.
La pasión que la domina
no encuentra destinatario.
Y sus manos deambulan
de cuando en cuando acompañadas
mendigando un refugio,
cobijo nocturno aunque momentáneo.
Mas el encuentro efímero
no calma su infantil miedo.
En el cristal de las máscaras
ha encontrado una sonrisa.
Y recuerda que afuera aguardan,
palpitando, las estrellas.
Todavía queda algo de sangre,
y una escalera de huesos,
para subirse hacia el cielo
y cazar una de ellas,
mereciendo así sus besos.