Hace tiempo escribí esto, no es más que una tontería; sin embargo, creo que cada vez que me caigo es porque tropiezo con esta piedra:
Vuelvo a encontrarme mal. Vuelvo a deshacerme. Voy dando vueltas como las manecillas de un reloj, sin pausa pero sin tener la menor idea de por qué se mueven ni de a dónde van. Me enfado, me enfado, me enfado. Porque sí, porque me olvidan, o me alejan, o no me escuchan, o tiran a la basura mi amistad por comprar lo mismo de siempre...un poco de amor...mientras tanto, nadie viene a por el mío. Así unos me dejan por comprar lo que yo tengo y lo que yo tengo se pudre esperando a quien lo quiera comprar...No tiene sentido. Mierda. Es feo, demasiado feo para mi gusto. Demasiado injusto, también. Pero aunque no me gusta, parece que la vida es así. Dar de comer y morirse de hambre. Ser zapatero y andar descalzo. Ser escritor y cortarse las manos. Las cosas no se ven con los ojos, los ojos son ciegos...pero a cuántos les gusta vivir ciegos, sordos, mudos....con tal de estar en calma muchos eligen que su corazón cada vez lata más lento, con menos ánimo, con menos fuerza...hasta que se para. Pero no se dan cuenta, porque se han ido acostumbrando a su ritmo cada día más cansino y menos vital. Más vale pájaro en mano que ciento volando. Para qué arriesgarse teniendo un cómodo agujero en el borde del precipicio. El mar, los riscos, la furia...esperan a unos metros, pero el vértigo es demasiado poderoso. Y acaba venciendo a la curiosidad, a la emoción, al arrojo. Abunda el vértigo en estos tiempos llenos de acantilados abandonados a los que nadie quiere asomarse. Morirán secos y llenos de grietas, es lo único que me consuela. Al final, algo podrá verse a través de las heridas de la sequía. Pero entonces, será demasiado tarde. La vida es un pozo sin fondo. Pero muchos prefieren la sed a ponerse de puntillas y miran adentro, donde está oscuro, donde aguardan, palpitando, todas las cosas que aceleran la respiración y erizan la piel. Tal vez esto sólo sea una decepción mal llevada. Un pinchazo de orgullo...una estúpida voz que musita “¿por qué no luchan por mí? joooo”. Una niña cursi que detesta que le cierren la puerta en las narices, y que no abran por más que toque el timbre o silbe, o tire guijarros a los cristales inútiles por las cortinas.