La barca de hielo
me llevó en tu busca,
segura de tu ausencia me dejé llevar.
El frío nos guardaba
y me hacía añorarte,
el viento nos mojaba
de olas y de sal.
No recuerdo por qué
no teníamos prisa,
el único pensamiento era llegar.
Y tal era el deseo
que se convirtió en angustia,
y sin darme cuenta, ésta en ansiedad.
Ya sin pensar en el presente
olvidé que existías aunque lejos,
que esperabas enterrándote a mi barca,
que sin mí pronto te cubriría el mar.
Perdóname, perdóname el olvido,
la búsqueda creció en mi interior,
y cuando llegó el tiempo
del reencuentro
no estaba la barca –derretida–
ni –ahogados–tú y yo.