El baile de máscaras continúa
aquel al que nunca fui invitada
me hablan de él otras voces
con sus ojos tristes testigos
de las cosas que no cambian,
de evadidos piterpanes
que sólo pueden abandonarse
a las fáciles superficies
No importa más que bailar,
desfasar, mirar desde arriba
y vaciarse con química
¿Para qué llenarse pudiéndose vaciar?
Lo que ha terminado no ha hecho sino comenzar:
hay máscaras doradas de estrellas musicales,
rosas de niñas monas, de chicos ideales,
carmines de las lolitas, lilas de intelectuales,
y detrás sólo piel, pieles manchadas y grises.
¿Qué queda al salir de allí,
envueltos en humo y sudor,
destilando aburrimiento y alcohol?
¿qué se siente al arrastrarse por las calles
al tiempo que salta un nuevo amanecer
que las pupilas dilatadas no pueden ver?
¿En verdad se siente uno mejor?
¿El vómito le alivia a uno el esternón?
¿La inconsciencia implica el perdón?
¿El baile es siempre diversión?
De qué sirven las máscaras
cuando todos se cubren,
si todos los pecados resultan transparentes
el silencio elocuente, los miedos evidentes
Ya no sirven de nada, nada son,
sólo duelen, sólo queman
a los bobos descubiertos
que aguardamos quietos.
Arrojádlas.
El baile de máscaras
debió haberse abolido hace años.
Salid a la calle con los ojos abiertos,
y por una vez, sentiros recién duchados.