Alguien a quien amar
no es alguien a quien dañar,
no es un ancla que atar
a tus pies de plomo
para lanzarte al mar.
No es sólo alguien para abrazar
en momentos de soledad,
en lugares de suciedad
dónde están prohibidos
el agua, la espuma y el jabón.
Tampoco es alguien para lograr
perderse sin decir adiós,
quedarse sin pedir perdón,
quererse sin amor,
limpiarse del dolor,
culparse sin razón.
Alguien a quien amar
no nos puede desfondar,
ni pisar, ni arrastrar,
ni perder, ni ahogar,
ni borrar, ni ignorar,
ni confundir o dominar.
No es ni dueño ni mamá,
ni hermano, ni caridad,
ni dios, ni un mártir,
ni una cama, ni un diván.
Alguien a quien amar…
podría ser alguien por buscar,
por encontrar, por guardar,
por mantener –cada día-
por cuidar,
por alegrar, por enseñar,
del que aprender, al que besar,
con quien soñar, con quien hablar,
por conocer, para admirar…
Un dos por formar,
una mirada en que mirar.
Al son de Las manos dentro del agua (N.Vegas)