¿Por qué lo rompo todo en un segundo?
Cae la máscara y queda el monstruo,
el tigre agazapado en el armario
se despereza y enseña su afilado colmillo.
A veces quiebro el cristal de la ventana
de mirarlo con tanto deseo,
o irrito a la fiera que llevas dentro
con torpes requiebros y besos,
con la voz mortecina que me sale
cuando veo que no sientes lo que siento.
Eres un libro cerrado con candado,
que he de descifrar y al intentarlo
vuelvo a cifrarlo con mi léxico inventado.
Te traduzco, sólo te traduzco...
pero tus palabras cambian su significado,
los matices se pierden, las metáforas tiemblan,
los símbolos vuelan escapando de mi mano.
Y de pronto, cuando todo parece vencido
por el lenguaje autoritario
¡el Fulgor!
Me das tu diccionario, lo abro...
y ahora sí nos entendemos,
¿ves cómo no cuesta tanto?