
Detesto que me aparten
sin haber aún llegado,
que amordacen mis palabras
y encadenen mis actos
Detesto que me miren
para luego marcharse,
que cierren los ojos
cuando me he desnudado
Detesto que se miren
en mí como un espejo
y que luego rehuyan
su propio reflejo
Detesto que construyan
castillos de arena
y luego levanten olas
para que se se disuelvan.
Detesto que me anuden
la garganta y el estómago,
que logren devolver
todo lo que he dado
y hagan inútil el tiempo
que he aguardado
Detesto las verdades
que tornan venenosas
que me digan sus manos
lo contrario que sus venas
Detesto que me ahoguen
sus movedizas arenas
que me culpen a mí
de sus oxidadas cadenas.